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El pasado domingo día 20 de marzo, tuvo lugar en la Hermita de San Sebastián el Pregón del Costalero.
La presentación delpregonero fue realizada por el pregonero del año anterior D. Juan Lopez, que dejo paso a la pregonera, que este año ha recaido en Sonia Orantes Suarez, a la que agradecemos que nos haya hecho llegar el texto del pregón, el cual presentamos a continuación para que los no asistentes puedan disfrutar de este:

Exmo. Sr Alcalde. Reverendo. Hermanos y hermanas.
Este año, ha recaído en mí el pregonar al Costalero, y créanme que no es una misión fácil, pues es indescriptible todo el mundo de sentimientos y emociones que se vive bajo un paso, pero con su permiso lo voy a intentar, voy a intentar poder transportarles a ese mundo tan bonito a través de mi experiencia como cofrade y como costalera.
Hay muchas formas de vivir la Semana Santa, Hay personas que se van a la playa, Otras que hacen retiro espiritual, Otras que aprovechan para hacer turismo, Y existe por hay un colectivo bastante característico que se Hacen llamar “cofrades”. Definición de cofrade según la Real Academia de la lengua: “Persona que forma parte de una cofradía”. Pues perdonen ustedes pero, ¡Eso no es verdad!, Porque no pertenecen a una cofradía, En este pueblo, a dos o tres como mínimo. Todos ellos con un comportamiento y unos signos identificativos que los delata durante todo el año, y ya no digamos cuando llega la Cuaresma, orlas que anuncian los días que faltan para el Domingo de Ramos, carteles bajo el brazo, revista y guías, corrillos y tertulias improvisadas, marchas en el coche, en la casa, y yo no he visto nunca tanto meteorólogo junto, porque en esa fecha no hay persona más preocupada por lo que dicen las cabañuelas, por lo que dicen las páginas de internet y todo sitio consultable, que un cofrade.
Dentro de este colectivo, hay muchas formas de desarrollar tu devoción y tu afición, porque tenemos devoción a nuestros titulares, y aunque de vez en cuando salgan algunas rencillas entre nuestras Hermandades, no lo podemos negar, ¡Mira que nos gusta un paso en la calle!, que sea la procesión que sea, allí estamos todos, pero bueno, como les venía diciendo,
que aunque uno sea cofrade, lo puede vivir de muchas formas, hay quien se viste de mantilla, hay quien coge un cirio y alumbra el camino de su Cristo o de su Virgen, hay quien pone todo su esmero para vestir a su Imagen, hay quien les dedica sones desde una banda de música, pero amigo y aquí llegamos al centro de la cuestión, hay quien se mete bajo los faldones de un paso, y eso si es difícil de explicar. Yo he pasado por casi todas estas formas, me he vestido de mantilla, he llevado el cirio, he pertenecido a una banda, vamos que me falta vestir a una imagen y “casi casi”, pero el día que me metí bajo una parihuela, ese día encontré lo mío, encontré lo que realmente me llenaba en el mundo de la Semana Santa. La inclusión de cuadrillas de Hermanos costaleros en nuestras hermandades es bastante reciente, y todavía recuerdo el día, que estando yo de guardia, sentada en la Proa de la Fragata, en una de las muchas conversaciones, y retransmisiones telefónicas que me hacía mi padre, para que aun sin estar aquí, no perdiese detalle de nada de lo que acontecía, me dijo que se estaba creando una cuadrilla de costaleros en la Hermandad del Ecce-Homo y María Santísima de la Salud y Esperanza, para el Paso del Cristo, y lo primero que se me vino a la mente fue “Por fin”, por fin todo eso que yo había conocido en otras tierras desde mi infancia, Sevilla, Córdoba, Granada, llegaba hasta nuestro pueblo, y más hasta la Hermandad que siempre ha ocupado nuestros corazones, y ello significaba una gran alegría.
La coincidencias que tiene la vida, pues un día, hace ya muchos años, cuando mi padre y mi tío, estaban encaramados al paso del Cristo de la Expiración, ejerciendo de priostes, preparando todo para su inminente salida, apareció el, en el lugar idóneo en el momento justo, y allí se produjo el encuentro y se entabló la relación que conduciría los hechos hasta el día de hoy, y esta persona es Antonio Calleja, el que fue primer capataz del paso de nuestro Cristo, y que tanto empeño y dedicación puso para que este nuevo proyecto saliera hacía delante, y a partir de ese momento dar a conocer una forma de vivir, pues porque es realmente eso, una forma de vivir nuestra fe, que aunque se haga patente unos meses al año, siempre está presente en nuestra vida. Porque no somos “sacasantos” como muchas veces se nos denomina, somos Hermanos costaleros, miembros de una cuadrilla, que en muchos casos es como una segunda familia, porque no es lo mismo “juntarse” para sacar un paso sin vínculo ninguno con el resto de los que allí se encuentran, que pertenecer a una cuadrilla de costaleros, con todo lo que ello representa, el esfuerzo, el sacrificio, el ayudar a un compañero y formar parte de un equipo que reza a su manera, para muchos inentendible, pero para nosotros única.
Todavía me emociono cuando recuerdo mi primer ensayo, que aún faltándome algunos centímetros para llegar a las trabajaderas, de allí no me movía nadie, después de tantos años esperando una oportunidad, después de tanta rabia pasada cada vez que veía al Rubio que se marchaba a algún ensayo, y yo seguía en el mismo sitio y esperando mientras que me querían colocar una mantilla, cuando yo lo que esperaba era una faja y unas zapatillas, y en ese momento me fabriqué un invento, que se ha popularizado en las cuadrillas del pueblo, y que si lo llego a saber lo patento, lo que hace el ingenio cuando quieres conseguir algo, pero fíjense que con el tiempo vi cumplido mi sueño, y fue bajo el Paso de Nuestra Patrona, bajo la Virgen del Rosario, en ese primer año que estrenó mujeres bajo sus palos, y eso nunca se me va a olvidar, pues siempre mis comienzos voy a recordar, esa sensación de no ver nada, solo la cabeza del de delante, y sin saber que hacer ni que decir, pero eso dura poco, cuando te sale de dentro, porque haces las cosas innatas, te pones más derecho que una vela, y aguantas las “levantás”, y si te toca una pata, no te queda “ná”, y ya para colmo en el asunto, te dicen que a mandar, y al principio no te sale la voz del cuerpo, y es que es “pa” estar “asustá”, pero cuando escuchas una marcha, de esas que te gustan de verdad, se te quitan “to” los males, y no quieres más que andar, y vivir esa experiencia, que no tiene par, y así un año tras otro, ni te lo quieres plantear, yo me quedo con los de abajo, que es donde a mi gusta estar.
Poco a poco, entendí lo que es ser costalera, y la responsabilidad que ello conlleva, que con esto se nace y de por vida lo llevas, nunca llegará el momento, en el que te quieras retirar, porque no te importa “ná”, ni las horas en la calle, ni esa mala “chicotá”, en la que quieres morirte, porque el paso no se arria, y tú estás “reventá”, pero todo eso se olvida, y al final te quedas solo, con lo bueno de verdad, con esa mecida serena, y la voz del Capataz, que al compás de campanilleros, te hace emocionar. Y Cuando pasa el mes de enero, y ves lo que se acerca, la ilusión, la ansiedad porque pase el tiempo lo más rápido posible y volver a otro ensayo, y ese momento en el cual te reencuentras con tus compañeros, con tus sentimientos, con tus emociones, con esa voz que te guía desde abajo, que hace callar hasta el mismísimo cantar de una saeta, esa voz que te hace sacar fuerzas para otra “chicotá” cuando crees que ya no puedes más, esa voz que hace que cierres los ojos al compás de un solo y sientas que es uno de los momentos más maravillosos de tu vida,
que poco a poco te devuelve a la realidad cuando arranca la marcha y se hace más viva y alegre y te pide ¡vamos a darle medio pasito más!. esa voz que en el silencio de la noche hace que una cortina se abra lentamente, y se asomen unas pequeñas cabecitas que le dicen a su madre, ¡Yo de mayor también quiero ser costalera!, y tu que aunque no los ves con los ojos, y los ves con el corazón, te estremeces, mientras que le das la mano a la niña del “botijo”, que va agarrada a la pata y ni llueva ni truene la suelta, imitando los pasos de los mayores y soñando ya con el momento en el que ella también llevará a su Virgen o a su Cristo, a los que tantas veces ha acompañado, agarradita a esa pata. ¿y que pase todo esto en un simple ensayo?, pues sí señores, esto es así, largos se hacen los días de espera entre ensayo y ensayo, y cortas las horas bajo la parihuela.
Pero llega una época en el año en la cual, poco a poco el cielo se hace mas azul y en el aire empieza a oler a incienso y azahares, y se nota en el ambiente un duende especial, ya llegó el momento, ya se acerca la hora, en la cual tras una visita a la iglesia para ponerte frente a ellos y no poder dejar de mirarlos, el nerviosismo te invade el cuerpo, y piensas:
¡Que poco queda Padre!, “pa” pasearte por las calles de tu pueblo, por esas calles que esperan tu presencia y te añoran día a día, ¡que poco queda padre!, “pa” volver a ver a tus hijos de rodillas frente a tu capilla, haciendo suyo tu dolor, sufriendo sobre sus hombros el peso de su fe. rezando con la madera, y llorando de emoción ante el momento que les espera. Cristo está saliendo por esa puerta, que tanta emoción genera, porque no es poco ver la imagen aparecer de esa manera, con el mecer de su túnica cual hoja al viento agitada, con esa luz de la cera, que en su rostro reflejada, deja ver su mirada, que se encuentra algo perdida, pero yo sé donde hallarla, Porque esos ojos están fijos, En el encuentro con sus hijos, los cuales lo veneran, y están esperando un año, para a tenerlo a su vera. Después de subir la rampa, y con el paso ya “arriao”, los de abajo tomando un poco de aliento, y descansando las rodillas, de pronto se escuchan dos voces, que en perfecta armonía, empiezan un diálogo, que es el pan de cada día, y que a nosotros nos gusta tanto, pues ello significa, que se va al cielo el Rey de Nuestras vidas, “ ¡Franci!” ¡Dime Dani dime! ¡Ponerse que voy a llamar!, ¡Llama cuando quieras Corazón! ¡Ha esta es! y el sonido del martillo, y el crujir de la madera son los sones de la gloria, ¡Vámonos buena gente! Vámonos con este Cristo tan Moreno y tan gitano, vámonos cortito , vámonos despacio, vamos a dormirlo, a mimarlo y a enseñarlo, que no quede nadie sin verlo, señores y atentos a lo que suena, que esta va por vosotros, por tenerle tanto cariño, por ser gente tan buena, que sacan sus fuerzas de dentro, cuando saben que lo que llevan, que no es misión fácil, que es una ardua tarea, llevar el peso de Dios, cada año en primavera.
Valientes, siempre elegante, siempre de frente, que se hace el silencio al verlo pasar, que el cielo con luminarias celestes, alumbra su caminar, vamos a sentirlo señores, vamos a vivirlo, que llevamos en nuestros hombros al Rey de los Cristianos, al Hijo de Dios, A Jesús Ecce-Homo, al que baja de su reino cada miércoles santo, para haceros privilegiados, pues no todo el mundo tiene el honor, de darle vida a su pasión, a su pena y a su dolor, no todo el mundo puede, ser costalero de Dios.
Bendita penitencia, benditos esos pies y esos hombros doloridos, pues son el sacrificio, que relatan la pasión, de cómo Dios hecho hombre, acepta con resignación, esa infame tortura, de los que no tuvieron compasión, lo maniataron y azotaron, mientras que el les mostraba su perdón, pero sois vosotros los que ponéis en cada momento, vuestro propio corazón, para que no se olvide ese suceso, por el cual a todos salvo, de un mundo cruel e injusto, y os dio su bendición, para que año tras año, rememoréis su pasión.
Cristo del Ecce-Homo, Como se inspiraría, Ese genio divino, Para hacer de tu cuerpo poesía, De tu cara el retrato, Del sufrimiento y la agonía, En tus manos puso el sentir, De todos los que estamos aquí, Pues con esa caña entre ellas, Podemos bien distinguir, Que es Jesús del Ecce-Homo, El que en la lejanía vemos venir Con su sombra reflejada, Sobre un blanco tapiz, Cuando entras en el barrio, Del que nada y todo se puede decir, Pues no hay rincón en el mundo, Más difícil de definir, Que el estrechón del barrio hondillo, Y todo lo que se concentra allí,
Esas casas encaladas, Esa tenue luz como si iluminara un candil, Las hornacinas a lado y lado, Y esa manera de vivir, Que tiene “to” el pueblo entero, Cuando pasas por aquí, Que belleza de estampa, Retrata tu discurrir, Por esta calle tan nuestra, Por ese pequeño Albaycin, Del que sin ninguna duda podemos presumir, Por el legado tan bello, Que nos dejaron aquí, Pues parece que sabían, Lo que al tiempo iba a ocurrir, Que todas nuestras imágenes, Pasarían por allí, Dejando en nuestra memoria, Ese recuerdo tan sutil, Pero que perdura para siempre, Pues es parte de nuestro sentir. Hay un momento en la noche, que hasta el brillo de las estrellas queda ensombrecido por otro aún mayor, Que ya desde la lejanía en el interior del templo se pueden observar, esos ojos como luceros que nos a todos hacen callar, nos sobrecogen y nos amparan, nos encojen el corazón, y nos hacen reflexionar. ¿Es ella la madre de Dios? ¿Es ella el faro que guía nuestra vida? Sí señores, es ella, que hoy sale a la calle como Madre, Reina y Señora, con esa brisa marinera que solo ella nos otorga, cuando ella se acerca a la puerta y nos mira desde la gloria. ¿Puede haber algo más bonito que los ojos de mi Salud y Esperanza?, Esos ojos en los que queda el reflejo de tantos de los míos que se miraron en ellos, y ya no están, pero perduraran para siempre en su retina, y así cada vez que los contemple, los veré y sentiré su recuerdo. La Virgen de mi niña, la que ha conseguido que un gallego sea costalero, la virgen que vivió en mi casa, y que es como de mi familia, la Virgen que llevó una parte echa por las manos de mi abuelo. La Señora que cautivó a jóvenes y ancianos desde que llegó, con esa dulzura en su rostro, que no se ha podido igualar. Virgen de la Esperanza, Virgen Marinera, La que tiene esas benditas lágrimas, Cruzando su cara morena, La que no necesita nada, Pues todo en su pecho lo lleva, Lleva el corazón de los hombres Y la rosa de los vientos, Que esa cualquiera no la lleva, Pues hay que ser marinero, Aunque sea de condición, Y dejar que te invada el salitre, Y te llegue al corazón. ¡Hay cuando te acercas al cancel!, Que a las gente de tu pueblo Haces estremecer, Y esos faldones benditos, Que dejan a todos ver, Lo que hacen por ti tus hijos, Cada año al anochecer.
Pues te mecen y te miman Y entre algodones te hacen creer, Pues no se ha visto nada en el mundo, Como la Esperanza saliendo por el Dintel. Y como dijo ya un pregonero, Que su paso no es un paso, Es una barca que se echa a navegar, Y al frente del navío, Siempre su capataz, Gloria a la Madre y Señora, Y ¡vamos a verla volar! Que todo mundo la pueda, Desde el suelo contemplar, Porque es reina soberana, Con manos llenas de bondad, Que reparte cada día, Esperanza y Caridad, Pues tiene en su rostro dos soles, Que nada los hace enturbiar, Ni las lagrimas, Ni las penas, ni “na”. Porque sabe que con su hijo, Ya pronto se encontrará, En la Ermita de San Roque, Donde el esperándola ya está.
Cuando se produce ese encuentro, en su rostro se puede ver, Una tenue sonrisa, Al cruzarse con él, Casi nadie la percibe, Por el hecho que acaba de suceder, Porque llena de emoción, A todo el que lo viene a ver, Suenan vítores y oles, Cuando al cielo se van los tres, Porque no solo están ellos, Sino que aunque no lo podamos ver, Hay un ángel revoltoso, Que pudo su curiosidad con él, Y aquí se plantó el pequeño, Porque quería conocer, Que era la Semana Santa, Pues no podía comprender, Porque cada año en esta fecha, Veía descender, Hasta el mismo Dios Padre, Sin podérselo creer, Al escuchar sones que al mismo cielo hacen ver, Que realmente están aquí, Y que no quieren volver, Pues su reino por un día, Se lo han dejado al santo Miguel, Para que lo cuide y lo lleve, Mientras deciden que hacer, Porque es difícil la elección, Cuando ven acontecer, Tan bello encuentro en la tierra, Que nada hace ensombrecer, Pues le sale a ella una sonrisa, Y una lagrima a él, Porque hasta el año que viene, No se volverán a ver, De esa manera tan de frente, Y tan poco habitual, Que cuando pasa el encuentro, Y vuelven a su lugar, La pena es tan grande, Que no lo puede remediar, Echa una mirada de reojo, Para verlo a su lado caminar.
¡Qué poquito queda! Para volverte a llevar, A esa capilla, En la que reina la oscuridad, Para poderte contemplar, Pero un día tras otro, Rodeada de tiniebla estás, Busco tu rostro sin poderlo encontrar, ¿Tanto cuesta aunque sea una lámpara de gas? Que ellos se merecen un poco de solemnidad, Y poder verles las caras, Cuando les voy a rezar, Pues son Reyes soberanos, De este bendito lugar, Y esa capilla a oscuras, Les resta dignidad.
Con la frente bien alta, Pero la boca callada, El costalero debe cumplir su misión, Sin ser altanero, Ni figurante, Con la humildad siempre por delante, Porque esto no es un oficio, Y solo se saca un beneficio, lo que te llevas por dentro, cuando al trabajar, junto a un compañero, conoces lo que es compartir, y hacer las cosas con un mismo fin, pues aquí no importa nada, ni quien eres ni como te llamas, solo importa una cosa, y sale del corazón, por ello tiene cabida, todo el que venga con buena intención, el que no le importe nada, meter su hombro con decisión, empujar fuerte “parriba”, escuchar lo que se manda, y de frente siempre andar, sabiendo que lo importante, es lo que arriba va a llevar, pues pronto se pasa el” flolclore”, y las palmas en una “chicotá”, pero siempre queda la esencia, y es lo que debemos recordar, que aunque nos guste cuando alaban, nuestra forma de andar, y que digan que categoría, tiene esta gente al hacerlos caminar, que fíjate tu que parece, que andan de verdad, están llenos de finura, no ves como se nota la calidad, todo esto es pasajero, y al final recordarás, ese sentimiento tan hondo, que es el que hay te hace estar.
Pero que corto se hace el camino, Que nos lleva de vuelta a la realidad, Porque poco a poco y paso a paso, Nos vamos acercando al final, Pero no los vamos a recoger ya, Pues aún quedan por verlos, Los que miran desde allá, Los que se fueron, Y en su gloria se encuentran ya, Personas ilustres, Costaleros y costaleras valientes, A los cuales, Nunca podemos olvidar, Pues hicieron el mismo camino, Y nosotros los debemos de honrar, Que su memoria siempre esté, En una de nuestras chicotás, Porque no hay mayor valor, Que bajar desde el cielo, Para a sus compañeros ayudar, Y yo sé de muchos, Que lo hacen año tras año sin dudar, Que se enfundan su faja de nubes, Y su medalla de azahar, ¿No habéis sentido que el paso es más estrecho? Es que ellos dentro están, Ocupando su sitio y cada uno en su lugar, Lolo en el costero izquierdo, Lidia en primera y esperando la llamá, Y Miguelillo al frente como capataz, Recordando esa primera levantá, En la que a todos hizo emocionar, Va por ustedes señores, que mi modesta persona, este homenaje les quiere dar, y por siempre en mi memoria, los voy a recordar.
Cuando a la iglesia se acercan los pasos, Ya nada lo puede evitar, Y aunque se pida más cortito, Que no queremos llegar, El momento se aproxima, Y se empiezan a escuchar, Entre vivas y entre oles, Unas lágrimas brotar, Pues un año más, Se vuelve a terminar, Y el tiempo pasa tan lento, Que no hay manera de consolar, Al humilde costalero, Que solo se queda ya, Imaginando un rachear, Y un izquierdo sin par, Señores ¡ tos por igual! ¡Que es la última chicotá! Que después de arriar el paso, Un año tendrán que esperar,
Aunque alguna gente, toda la vida esperando está, Y no comprendo la razón, Ni el motivo de esa cuestión, Pues hay mujeres valientes, Y con la mayor devoción, Que merecen aquí su sitio, Por su trabajo y su tesón, Que su madre las espera, Bajo su manto de amor, Pues no hay mejor costalero, Que el que lo hace desde el interior, Y alguna que yo me sé, Tiene toda la condición, Para ser costalera, De esta madre de dios. Hay costaleras de arte, Que levantan al cielo más que nadie, Que fijan los costeros sin que el capataz se lo mande, Hay mujeres que aguantan los kilos, Con resignada abnegación, Pues muchas veces vale más, Antes que la fuerza, El corazón. Y recuerden una cosa, Que yo escuché hace ya tiempo, De una gran compañera, Que para mí es un ejemplo, Señores ¡La fe no pesa!
Después de todo esto que intenta reflejar la devoción, el sentimiento y la pasión, me gustaría hacer una reflexión, pues muchas veces parece que es solo folclore y diversión, y ni mucho menos de eso se trata el centro de la cuestión, Hay costaleros y costaleras, Que siguen un caminar, Lento y pausado en el silencio, Cuando llega una madrugá, Que solo interrumpen su paso, Cuando van a descansar, Y cientos de luces alumbran, A la Virgen de la Soledad, Ese momento tan único, Que es bajo el relente andar, Meterte en tus pensamientos, Y a las mujeres escuchar rezar, Compartir con ella sus Dolores, Pero sin una silaba soltar, Es una gran experiencia, Y digna de recomendar, Para todo aquel que se sienta, Costalero de verdad.
Y aunque uno no sea devoto, o venga con otra intención, al final sale con algo aprendido, y es una gran lección, pues a lo que se vive aquí abajo, hay que prestarle atención, porque siempre debe de haber, compañerismo y unión, y tener un hombro amigo, pues eso lo vale tó, aprendes a ser humilde, obediente y a callar, pues todo merece un respeto y por uno mismo hay que empezar, primero con el de al lado y después el Capataz, porque tenemos que tener bien claro, que es el que nos va a guiar, el que vela por nosotros, y nos hace trabajar, y muchas veces no vemos, lo mal que se puede pasar, cuando no reconocemos, el trabajo de los demás, porque fallos tenemos todos, y muchas veces nos falta humildad, y me vuelvo a acordar de esa costalera, que tanto sabe de esto, y su voz siempre es sincera, y más de una vez le he escuchado, que el buen costalero es, el que empuja pá arriba y anda de frente, pero siempre, siendo obediente. Aquí no venimos solo a lucir ni una faja ni en su caso un costal, Aquí venimos porque esto lo sentimos de verdad, Es nuestra forma de vida, Nuestra forma de rezar, Y eso nunca en la vida, Lo podremos comparar, Con una carroza de ruedas, Por mucho que ella los pueda portar, Porque siempre faltará una cosa, Y es lo que importa de verdad, Los sentimientos humanos, Hacia cada titular.
Y ya sin más quiero pasar, A una pequeña cuestión, Pues son muchos los costaleros, Que ya tienen las Hermandades de Lanjarón, Que vemos a nuestros niños, Que les llama la atención, Y poco a poco se implican, Creando una tradición, Que con el paso de los años, Ocuparan el lugar, Donde ahora estamos nosotros, Y sin quererlo ni pensar, Pues no hay mayor pena en el mundo, Que tenerse que retirar, De esto que tanto nos gusta, Pero debemos que recordar, Que esos que vienen detrás, Serán los que continúen, Con esta forma de rezar, Y pensarán en un racheo, Y en un izquierdo sin par, Y en ese momento que a la calle, Saquen a su titular, Y el mismo cielo celeste, De gala se vestirá, Y las mismas luminarias, Su camino alumbrarán, Y la Reina de los ojos verdes, A ellos elegirá, Para ser sus pies en la tierra, Y orgullo sentirán, por tener el mayor galardón, Que es ser costalero, en esta tierra, Lanjarón.
¡Ahí quedo!.
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